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Magia de las cifras

Magia de las cifras

Por Lluis M Estruch
viernes 06 de marzo de 2026, 15:58h

De repente un apuesto galán de 1,90 m. (bien trajeado de azul, con casco blanco de obra), sube a un estrado, al aire libre, con micro y atril de metacrilato transparente y ante unas 50 personas (muchas de ellas con casco blanco también), con voz pausada y vocalizando muy bien, anuncia: que construirá 276.000 viviendas. A su lado, una minúscula mujer, asiente alegre y relajada. Es la ministra de Vivienda, la del anuncio de los tres jubilados que viven juntos en un piso hasta su muerte. Una antecesora suya, la ministra del PSOE Trujillo, tuvo una mejor idea en 2005 con los minipisos de 25/30 metros para jóvenes y lo justificó con la frase de que “la dignidad no se mide en metros”.


Efectivamente es así. Ahora, muchos anuncios reales ofrecen minipisos de escasos metros y precio alto. Y una cuestión se plantea. El artículo 47 de la Constitución establece, sin concretar mucho, que cualquier individuo debe tener una vivienda. ¿Un piso para él y el perro? ¿O deben existir otras fórmulas con preferencias familiares y natalistas? El problema de la falta de viviendas ha seguido con la crisis del 2008 y hasta con el Covid-19. Ahora, durante 7 años y con diversas cifras, los anuncios de viviendas asequibles se ha ido produciendo, sin resultados. Es todo mentira y uno piensa y tatarea aquella magnifica canción de Mina y Alberto Lupo de 1972, “Parole, parole”, en que la cantante entre descreída e irónica, le dice al maduro galán que no se lo cree, que no insista, que no le dé falsas promesas como si fueran caramelos. El galán susurra, le jura que todo será diferente de nuevo, que confié en él. Esta vieja canción es la que oímos de nuestras autoridades.

Sánchez no es Delon, pero para muchos es el “puto amo” que sin embargo miente con facilidad. Sus cifras son falsas. No tiene ni Presupuestos para sustentar sus promesas y es un pato cojo al que le queda año y medio para el paro. Otrosí, a esta baile de cifras se autoinvitan otros participantes. La AMB anuncia su disposición a crear 200.000 viviendas más a largo plazo (a largo plazo todos muertos, como decía Lord Keynes) para paliar el déficit de viviendas de alquiler moderado. Las ayudas UE de 100.000 M de euros están a punto de caducar por falta de ejecución con el tope del 31 de diciembre de este año. ¿Cuál es el problema para no usar esta millonada? Incapacidad, lentitud administrativa en la época de la IA y corruptelas dilatorias en la adjudicación de concursos de obra pública.

Además la Generalitat de Illa se apunta al baile y nos hará, hasta 2030, 214.000 viviendas, 50.000 de renta limitada. La prensa seria ante su anuncio considera que hace “volar coloms”, dado que no tiene ni presupuestos en una Generalitat endeudada que espera permiso para emitir otra vez bonos de deuda. La suma aproximada de tanto súbito esfuerzo constructor se acerca al medio millón de viviendas planeadas en total y en un periodo increíble, por falta de suelo urbanizable (en Plenos municipales se ha requerido a propietarios a que ofrezcan solares), aunque las malas relaciones con los constructores persisten.

Por otra parte, los ataques a los arrendadores de pisos y la parcialidad legal en favor de inquilinos y de “okupas” ha desajustado la oferta de pisos de alquiler. Hay desamparo judicial del arrendador en cualquier litigio. Control de precios, normas municipales superpuestas a las generales... El temor hace que los pequeños propietarios que completan sus magras pensiones de autónomos, en muchos casos, vendan sus pisos a extranjeros que estiman los bajos precios del mercado urbano español. Hay doctrinarios como el activista y portavoz de los inquilinos, Jaime Palomera, que coaccionan y se manifiestan a domicilio ante los aumentos de alquiler. Saben que serán absueltos.

Los fenómenos transformadores del mercado de alquiler empiezan con el Decreto Boyer (1985) que liberaliza un mercado estático, las rentas antiguas desaparecen y los alquileres se negocian al alza y por periodos acotados. España ya se había convertido en una república de propietarios. Los Planes de Vivienda, que se sucedieron desde 1939 a 1975, se periodizan: 250.000 para las destruidas en la guerra; y entre 3 y 4 millones de viviendas protegidas (1943-74) por el éxodo rural y para absorber las últimas grandes migraciones del sur y acabar con el chabolismo. Ahora ya somos un país de propietarios, con segundas y terceras residencias en bastantes casos. Invertir en ladrillo es seguro y bien visto.

Es un mercado de 27 M de unidades de vivienda edificada (2026) pero que tiene un uso temporal o estacional en muchos casos. Donde el problema se agudiza y exagera es en la búsqueda de vivienda urbana en las grandes ciudades. La inmigración (con casi un 25% de población extranjera en Cataluña), aprieta aún mucho más en la urgencia de la necesidad de nuevos alojamientos. La denostada Colau en sus dos mandatos: 4.000 pisos finalizados y otros 4.000 en curso. Ahora hay padres que donan sus casas o avalan a sus hijos. Son paliativos. No basta. Porque, ante tanta demanda, solo oiremos “Parole, parole”, de los políticos por el retraso acumulado y porque estamos en un régimen descentralizado y liberal, no en un régimen autoritario de raíz militar, con su enfoque funcional de la vivienda. Un galán alto y garrido, ofrece buenas palabras (Parole, parole) a una amplia ciudadanía que le escucha entregada. ¿Hasta cuándo? Sobra demagogia, falta cordura. Recordemos a Cicerón: “¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?”. IIIl

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