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Qué lectura hacer sobre la visita del presidente del Gobierno español a China

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, durante el encuentro que mantuvieron en abril de 2025 (FOTO: Pool Moncloa/Fernando Calvo)
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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, durante el encuentro que mantuvieron en abril de 2025 (FOTO: Pool Moncloa/Fernando Calvo)
viernes 10 de abril de 2026, 15:48h
Actualizado el: 10 de abril de 2026, 16:38h

Cuando supe de la próxima visita del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, a China, inmediatamente recordé mi inolvidable experiencia en Madrid en diciembre de 2024. Había viajado allí para cubrir el Foro Internacional Imperial Springs, que, por primera vez desde su creación en 2014, se celebró fuera de China. Al pisar las vibrantes calles de Madrid, comprendí por qué España había sido elegida como país anfitrión.

Por Wang Wenwen (Directora del Departamento de Opinión de Global Times)

En esa dinámica ciudad, la esencia de la cultura española era palpable: jamón en mano, flamenco en el corazón y un vehículo eléctrico chino aparcado en la entrada. Todo parecía estar perfectamente integrado. Durante mi breve estancia, conversé con taxistas, charlé con expatriados chinos y exploré la ciudad a pie. Surgió un tema recurrente: allí China no se siente como un concepto lejano; se siente como un vecino.

La prueba más contundente de esta conexión fue la presencia de marcas chinas. Vallas publicitarias de BYD, fabricante líder de vehículos eléctricos, salpicaban el paisaje, y los coches de BYD y Lynk & Co se habían convertido discretamente en una opción popular entre los lugareños. Apenas unos días después de mi regreso a China, MINISO, la moderna marca de artículos de estilo de vida asequibles, inauguró su tienda más grande de Europa en Madrid. Esta expansión ejemplificaba los crecientes lazos entre nuestros dos países.

Este viaje despertó en mí un gran interés por la actualidad española, en particular por los intercambios económicos y culturales con China. En los últimos años, España se ha consolidado como un actor clave para los fabricantes de automóviles chinos, con un comercio bilateral en constante aumento. Los intercambios culturales y educativos han florecido, fortaleciendo aún más esta relación.

Con ganas de comprender la perspectiva local sobre la próxima visita del presidente del Gobierno, Sánchez, le pregunté a un amigo español sobre la cobertura mediática que recibiría. Me comentó que los medios tienen diferentes alineamientos, por lo que sus reportes varían, pero la mayoría coincide en que China es un socio muy interesante y que una buena relación con China ofrece perspectivas de crecimiento e intercambio cultural.

Calificar a China de "interesante" implica más que simplemente "buena". Para mí, sugiere que España reconoce a China como un país complejo, pero con el que vale la pena colaborar. En Europa, los discursos sobre China suelen oscilar entre temores exagerados a la cooperación y llamamientos al distanciamiento. Sin embargo, para España, profundizar en la cooperación con China no solo es práctico, sino necesario para expandir mercados, atraer inversiones de calidad e impulsar la modernización industrial.

En el plano económico, la relación entre China y España se caracteriza por un alto grado de complementariedad y solidez estructural. Las exportaciones españolas a China se componen principalmente de productos agrícolas de alta calidad, alimentos "gourmet" y componentes para la industria automotriz. Productos especializados como el aceite de oliva, el jamón ibérico y el vino están ganando terreno rápidamente en el mercado chino, impulsados ​​por su excepcional calidad. Antes de mi partida de España, mis colegas me hicieron una petición singular: no eran recuerdos ni postales, sino abundantes provisiones de jamón ibérico. El recibo del aeropuerto por aquel capricho aún permanece grabado en mi memoria.

Por el contrario, las exportaciones chinas a España se centran en productos electromecánicos, equipos de energías renovables y electrónica. Los productos de fabricación sostenible, como los módulos fotovoltaicos, las baterías y los vehículos de energías renovables, se han convertido en pilares fundamentales de la transición energética que España está llevando a cabo.

La visita del presidente del Gobierno, Sánchez, prevista del 11 al 15 de abril, supone su cuarto encuentro diplomático con China en tan solo cuatro años. Esta frecuencia de interacciones de alto nivel reviste de gran importancia en el contexto de la actual turbulencia geopolítica internacional, reflejando un enfoque racional de la diplomacia. En febrero, España presentó su nueva estrategia para el eje Asia-Pacífico, en la que se delinean las prioridades para los próximos tres años y se subraya la necesidad de intensificar las reuniones de alto nivel y los intercambios económicos con China. Este enfoque no es meramente oportunismo; se trata de una decisión estratégica basada en el interés propio.

La expectación del pueblo español ante la visita

Un reportaje de mallorcadiario.com reveló las expectativas españolas tras la visita de Sánchez, señalando que el Gobierno español busca fortalecer su alianza tecnológica con China en los ámbitos del software, la inteligencia artificial y la robótica, y se compromete a atraer inversiones que generen valor añadido para España, en concreto aquellas que fomenten el empleo local e impulsen el desarrollo industrial. Obviamente, se espera que los resultados de la visita se traduzcan en beneficios tangibles para la vida de los españoles. Reflexionando sobre mi viaje por España, me doy cuenta de que la verdadera historia de las relaciones entre China y España se desarrolla en el día a día de las personas que se benefician de una colaboración amistosa y pragmática. Un taxista en Madrid, encogiéndose de hombros y sonriendo, expresó este sentimiento concisamente: «¿Coches chinos? Sí, sin quejas».

En ese momento comprendí que las relaciones entre los países no se definen únicamente por acuerdos formales, sino que se forjan a través de los beneficios mutuos que se manifiestan en la vida de los ciudadanos. El potencial de crecimiento y colaboración entre España y China es inmenso, y son las voces de la gente común las que, en última instancia, darán forma a esta narrativa en constante evolución, recordándonos que en el corazón de las relaciones internacionales reside la humanidad compartida que nos une a todos.

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