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A DEBAT

¿Quién es el verdadero culpable del desastre de Rodalies? Las respuestas te dejarán boquiabierto
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¿Quién es el verdadero culpable del desastre de Rodalies? Las respuestas te dejarán boquiabierto

lunes 09 de marzo de 2026, 10:00h

Quienes viven en L’Hospitalet o en el Baix Llobregat y necesitan coger un tren para moverse de un punto a otro del territorio saben que hablar de Rodalies es hablar de resignación, por no decir desesperanza. Retrasos constantes, trenes que desaparecen del panel sin previo aviso, averías repetidas, convoyes saturados y una sensación general de abandono y de falta de mantenimiento que ha tenido su punto álgido en el mortal accidente de Gelida del 20 de enero, que llegó provocar el cierre durante días de la vital autopista AP-7 en Martorell, en dirección sur.

Lo que debería ser un servicio esencial y fiable se ha convertido en una carrera de obstáculos cotidiana para miles de personas. Tras el accidente (y todavía sin fecha de finalización), el servicio es (afortunadamente) gratuito. Pero eso, lejos de ser un privilegio no pasa de ser una indemnización encubierta, cuando uno de cada dos trenes llega tarde, cuando las incidencias son diarias y cuando la incertidumbre se ha convertido en rutina.La puntualidad de la red cayó al 50% el año pasado, la peor de toda España, y con demoras medias de 20 minutos en los trenes que llegan tarde. Un dato demoledor para un servicio que utilizan más de 400.000 personas cada día para ir a trabajar, estudiar o acceder a servicios básicos.

En este mapa del caos, el Baix ocupa una posición especialmente castigada. Las líneas R2, R2 Sud y R4, que atraviesan municipios como L’Hospitalet, Cornellà, Sant Joan Despí, Sant Feliu, El Prat, Viladecans o Gavà, concentran buena parte de las incidencias más graves. Especialmente sangrante es el caso de la R4, la línea con más retrasos acumulados: más de 24.000 minutos perdidos en solo seis meses, lo que equivale a más de 400 horas de demoras, muchas de ellas sufridas directamente por los usuarios de la comarca.

Entre protestas y quejas de los usuarios, las administraciones implicadas (Generalitat de Cataluña y Ministerio de Transportes) se reparten responsabilidades, se sacan las culpas de encima –señalando al otro – y se llenan la boca de promesas que hasta el momento están resultando vanas. Se habla de inversiones que están al llegar, de una gestión mixta de Rodalies (con mayor peso local) y de revisiones de urgencia que garanticen la seguridad pero sin garantías. La crisis de Rodalies no es solo un problema técnico, es un problema político, territorial y social. rio incómodo de que la movilidad sostenible no se construye con discursos, sino con trenes que lleguen a su hora.

Mientras miles de viajeros siguen mirando el reloj cada mañana con la incertidumbre de su llegarán a tiempo cabe preguntarse: ¿Qué está pasando con Rodalies? ¿Quién tiene la culpa del desaguisado, la administración autonómico o la estatal? ¿O las dos a la vez? ¿De verdad la gestión mixta del servicio es la solución o hay que rascarse el bolsillo de una vez por todas con las inversiones? ¿Hay tiempo aún para que lleguen las mejoras y la ciudadanía recupere la confianza en el transporte público? El debate está servido. III

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