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La improvisación carga a los padres con el peso de los niños confinados por el covid-19
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La improvisación carga a los padres con el peso de los niños confinados por el covid-19

viernes 02 de octubre de 2020, 09:00h
Las consellerias de Salut y Educació pasan la pelota al Gobierno y exigen soluciones cuando tienen plenas competencias en el tema. Lola, una niña de Sant Boi en cuarentena, sigue el curso on line mientras su familia hace malabares para conciliar vida labora

El segundo confinamiento llama a la puerta. O eso es lo que se temen la mayoría de padres desde que ha comenzado el curso escolar 2020-21 en el Baix Llobregat y L’Hospitalet y no paran de multiplicarse los brotes y los contagios por covid-19. Pese a las llamadas a la calma desparramadas desde la Conselleria d’Educació y corroboradas con la boca pequeña por los centros escolares de la comarca, la realidad ha dado al traste con los buenos presagios. El cierre de aulas y colegios y las cuarentenas forzosas de alumnos ya están a la orden del día, dando la sensación de que otra vez -desde la administración competente- se ha vuelto a improvisar y de que son las familias las que están sacando las castañas del fuego del desaguisado político-sanitario.
Ni las mascarillas, ni el gel hidro-alcohólico ni las distancias de seguridad han podido frenar un degoteo continuo de positivos de coronavirus en las aulas de toda la comarca y de L’Hospitalet,al que siguen las cuiarentenas forzosas cuarentenas (más del 90% de los confinados son alumnos), a razón de centenares de nuevos casos semanales, que han llevado al cierre de varias escuelas.

Los niños que son enviados a sus casas para frenar la pandemia parecen no ser cosa de la administración. Así que, por suerte, tanto las familias como los centros educativos están dando la talla y supliendo la falta de liderazgo político.
Prueba de esta incapacidad de la Generalitat de Cataluña para hacer frente al problema es que nada más dispararse el número de confinamientos selectivos, la consellera de Salut, Alba Vergés, y el conseller d’Educació, Josep Bargalló, ya se han lavado las manos y han exigido “de forma reiterada” al Gobierno español “una solución para facilitar la conciliación de las familias con niños confinados”.

Los dos consellers, además, se han quejado, de que pese a la magnitud de la tragedia que se avecina “la petición no ha obtenido respuesta por parte de los ministros (de turno)”. Tanto Vergés como Bargalló parecen haberse olvidado de que antes de la pandemia sus respectivas consejerías ya tenían competencias plenas para tomar decisiones. Pero es que, desde que a principios de septiembre el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, dejó completamente en manos de las autonomías la gestión de la crisis del covid-19, ahora ambos son los máximos responsables a la hora de resolver la papeleta de los confinamientos escolares.

Flexibilización normativa

No solo eso, es que el Ministerio de Educación ha subrayado en sus últimas intervenciones ha anunciado que concede prácticamente patente de corso a las comunidades autónomas y a los centros escolares para que hagan y deshagan a su antojo y ha anunciado una ·”flexibilización normativa para que cada autoridad educativa pueda adaptar el currículum a sus necesidades” habida cuenta de que los seis meses de confinamiento forzoso del curso pasado han tenido consecuencias dispares en función de los territorios y, los centros educativos.

Así que al final, y como se está repitiendo obligatoriamente en la gestión de esta pandemia, han sido los claustros y los padres los que han tenido que poner toda la carne en el asador y están sacando adelante, como buenamente pueden y sin rendirse el cierre de grupos escolares y las bajas del personal docente, por un lado, y la conciliación de la vida laboral y la vida familiar con niños confinados por cuarentena en casa, por el otro.

Malabarismos con Lola

Y ahí, en lo que parece tierra de nadie, es donde padres y profesores se están haciendo con el control de la situación, a base de auténticos malabarismos. Es lo que explica Alba, la madre de Lola, una niña de 9 años del colegio Benviure de Sant Boi que lleva en cuarentena desde finales de septiembre por los casos de coronavirus detectados en la escuela. Alba ha vuelto a darlo todo para conciliar familia y trabajo pero reconoce que “es un follón, un trastorno para todos” volver a tener a Lola en casa las 24 horas del día y sin poder sacarla a la calle.

El colegio Benviure “está cumpliendo muy bien”, insiste la madre. Y a base de video-llamadas y deberes desde casa, Lola se ha reenganchado al tele-curso que acaba de empezar sin demasiados problemas. “La niña lo lleva bien, se ha acoplado bien a la nueva situación. Hay que entender que se acostumbraron al confinamiento y a las clases a distancia el curso pasado”, confirma la madre.

Resignaciñon materna

Los progenitores lo llevan algo peor, pero “se resignan”, admite Alba, porque sospechan que lo peor está todavía por llegar. “Nos van a terminar confinando a todos o algo parecido, así que hay que irse haciendo a la idea”, añade. “Esto va para largo”, vaticina. Razón no le falta.

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