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El inmerecido sueño roto de un portero
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El inmerecido sueño roto de un portero

viernes 06 de noviembre de 2020, 08:00h
Daniel -que comparte nombre con el mítico arquero venezolano de la UD Tenerife, Dani Hernández- tiene 13 años y desde niño sueña con ser el portero de un equipo de fútbol de los grandes. A los cuatro años se calzó sus primeros guantes y desde entonces no para de entrenar y de aprender.

Hace unos meses, en pleno confinamiento, la ilusión llamó a su puerta en forma de fichaje de relumbrón para la temporada 2020-21 por el club de fútbol UE Sant Ildefons, de Cornellà y para jugar en la División de Honor, lo más alto para un futbolista de su edad. El muchacho se convirtió en la persona más feliz del mundo. “Estaba muy ilusionado”, explica su padre.

Pero nada más comenzar la andadura con su nuevo club -y después de solo dos partidos amistosos-, los entrenadores han decidido que no les gusta cómo juega Daniel y el club lo ha expulsado del equipo, sin miramientos, como si estuviera en un equipo de la Liga de las Estrellas, rompiéndole el corazón al chico. Concretamente, se le comunicó a la familia que el club “se había equivocado con él. No es exactamente el perfil que buscaban, y, lamentablemente ya no cuentan con él para esta temporada”, relata con dolor el padre.

El mazazo ha sido tremendo. La joven promesa está abatida “¿Cómo voy a confiar más en un nuevo entrenador en el futuro, si sin merecerlo, se han comportado así conmigo?”, le repite Daniel a su padre. El caso es tan sangrante que la propia Federació Catalana de Futbol (FCF) ha puesto el grito en el cielo por lo que califica como una “falta de ética” impropia del deporte base, donde (por encima de todo) deben primar los valores.

Lo que se ha hecho con Daniel “no tiene nombre” y por eso su padre quiere que sepa. “Mi intención es únicamente denunciar los hechos, ya que son muy serías las consecuencias que supone este tipo de comportamiento para un niño de 13 años, ilusionado, que lleva preparándose físicamente desde el confinamiento, y que ve a su entrenador como un referente”, confiesa decepcionado el progenitor del guardameta.

La UE Sant Ildefons ha devuelto a la familia del chico las cuotas que tuvo que pagar para poder inscribirse con el equipo. Con eso da el caso por zanjado. Pero el padre cree que tiene que haber algún tipo de justicia adicional: “No puede tratarse así a ningún joven deportista, que cree en si mismo, que trabaja y que siente pasión por lo que hace”.

Desde la Comissió d’Ètica Esportiva de la FCF han comunicado al padre que “comparten su enojo” y lamentan “que todavía existan acciones como estas, sobre todo tratándose de un jugador de futbol base”. Sin embargo, “aunque los hechos no trasgreden ningún artículo del Reglamento General” la comisión los considera “éticamente reprobables” y así se lo han notificado al presidente del club UE Sant Ildefons.

Pese a la gran decepción recibida, el joven cancerbero Daniel no se rinde y, con actitud positiva, quiere seguir adelante. Ha regresado a su antiguo club (la Escola de Gavà) donde ha sido recibido de nuevo “con los brazos abiertos” para que vuelva a entrenar. Lamentablemente, el guardameta solo podrá jugar cuando se produzca la baja de algún jugador en algún partido en concreto, puesto que todos los equipos están ya cerrados. “Somos una familia unida y juntos superaremos esta decepción, apoyándole en todo” ratifica el padre. Esa es la actitud. III

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