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Urbanismo protector en Gavà Ponent
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Urbanismo protector en Gavà Ponent

jueves 03 de junio de 2021, 17:09h
La ubicación de las 4.800 viviendas del ensanche hasta la riera de Canyars se ha definido en función de los espacios naturales. Los restos arqueológicos del Paleolítico, ibéricos y romanos, hallados en la zona se preservarán dentro de las zonas verdes y serán visitables

El desarrollo del sector de Gavà Ponent en mucho más que el ensanche de la ciudad hasta la riera de Canyars, frontera natural con la vecina localidad de Castelldefels. Ninguna de las piezas del puzzle urbanístico se ha colocado al azar en una zona especialmente sensible, Más bien al contrario, todo responde a un concienzudo plan superior concebido para la preservación del espacio natural y el patrimonio y, a la vez, para facilitar la construcción de las 4.800 viviendas que se necesitan para atender las necesidades sociales del municipio. .

A simple vista, encajar tantos pisos (el 40% de protección oficial) en mitad de un espacio verde podría parecer una agresión al medio ambiente. Pero no es así. “El urbanismo se ha utilizado como una herramienta para preservar lo que tiene valor, porque es la mejor forma de proteger el patrimonio”, asegura Fidel Vázquez, asesor de servicios de Ciudad y Territorio. De hecho, solo el 15% del suelo del plan será residencial, mientras que el resto serán parques: Calamot, Ca n’Horta Central de Caçagats, Nou Calamot y Canyars.

La aparente incongruencia entre naturaleza y hormigón no es tal. “No es cierto que lo mejor para la ciudad sería no ejecutar el plan urbanístico. No hacer nada es lo peor. Si no se ejecutara Gavà Ponent, las 113 hectáreas de parques y jardines que se van a liberar seguirían en manos privadas”, destaca Vázquez. “El urbanismo de ahora no es como el de los años 80 o 90, ahora realiza una función tan necesaria como la protección de la naturaleza y del patrimonio. No se trata solo de construir pisos y abrir calles. Se trata de hacerlo bien y por eso el Ayuntamiento de Gavà está abierto a incorporar cualquier mejora que se aporte”, recalca el asesor.

Gracias a esta filosofía del urbanismo protector, la ciudadanía de Gavà va a poder disfrutar de joyas arquitectónicas y patrimoniales como el poblado ibérico del Calamot, la villa romana de Can Valls del Racó, el yacimiento arqueológico de la Roca, la masía de Can Rosés, el complejo minero del Turó de Caçagats e incluso de el reciente hallazgo de restos paleolíticos junto a la riera de Canyars, enclaves que hasta ahora estaban en manos privadas, en mitad del campo y faltos de mantenimiento. “Excepto las masías el resto del patrimonio será visitable porque estará integrado dentro de los futuros parques”, recalca Fidel Vázquez.

Con los espacios verdes ocurre algo similar, están señalados en el mapa del proyecto desde el minuto cero: 48 hectáreas de parque forestal (Calamot, Caçagats y Garrofers) sin un palmo pavimentado o asfaltado, 37 de parque urbano, 25 de parque de ribera (Riera de Canyars y Calamot) que funcionarán como conector biológico, además de plaza y jardines. Así, las zonas edificadas -compactadas- se van a limitar a los espacios que ya han sido transformados alguna vez por el hombre, como una antigua fábrica o los cultivos próximos a la C-245.

Pese a los rumores, no va a haber talas masivas en el bosque de Gavà Ponent. “La gestión del espacio requerirá la retirada de algunos árboles, pero no se va a perder ni un metro de arbolado”, incide Vázquez. Como atestigua la alcaldesa de Gavà, Raquel Sánchez (PSC), el proyecto “representa otra manera de crecer: gradual y sostenible, que preserva la identidad e integra los cambios en el territorio al ritmo adecuado”. Todo ello, desde “la responsabilidad y el rigor para garantizar un futuro equilibrado y saludable”, concluye la alcaldesa. III

Un rodeo por un viejo roble
El diseño de Gavà Ponent casi ha sido una obra de orfebrería. Cuando en el año 2000 se definió su volumetría y los diferentes espacios (zonas verdes, viviendas o equipamientos) se priorizó la preservación de la naturaleza. Con esta filosofía, se ha elaborado un estudio pormenorizado de los ejemplares de árboles más significativos para conservarlos intactos o, si esto no resulta posible, trasplantarlos. Y si algo no fue tenido en cuenta hace dos décadas se subsana ahora. Un ejemplo de este urbanismo casi quirúrgico se aprecia en la Roureda de Can Quatre, frente a la masía de Can Rosés, donde se ha desviado el trazado del vial previsto, que dará un rodeo para proteger un vetusto y valioso roble.
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