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Probamos el Bedda Madre, el novísimo siciliano de Castelldefels: cuidado, engancha al primer bocado
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Probamos el Bedda Madre, el novísimo siciliano de Castelldefels: cuidado, engancha al primer bocado

jueves 11 de diciembre de 2025, 13:00h
Actualizado el: 11 de diciembre de 2025, 13:21h
Por fin, un restaurante siciliano auténtico —auténtico de verdad— aterriza en Castelldefels. Y lo hace con ruido, color y emoción: como Sicilia misma. En la avenida Constitución nº 89 se ha abierto hace solo unos días una puerta insólita que no conduce sinmplemente al interior de una trattoria sino a Sicilia misma. allí donde el olor a pistacho tostado se mezcla con el rumor de los mercados y la memoria de las madres que cocinan sin receta, solo con instinto, de geberación en generación. Así empieza cualquier menú en el novísimo restaurante Bedda Madre: como un viaje sin billete de vuelta a la isla más exuberante del Mediterráneo. Bedda Madre, el nuevo restaurante del Grupo Dolcevita, es un espacio donde las recetas ancestrales, el arte callejero y la memoria familiar se entrelazan para fabricar experiencias que van más allá de la que gastronomía: es una inmersión completa en la isla donde cocinar es otra forma de decir “te quiero”.

Sicilia es una isla que no se cocina: se vive. Y quienes conocen su gastronomía saben que está llena de contradicciones felices, exageraciones deliciosas y una herencia cultural milenaria que se mastica y se degusta en cada plato. Esa complejidad, esa energía difícil de atrapar es la que ha querido trasladar el Grupo Dolcevita Gusto Italiano en su nueva apertura:el restaurante Bedda Madre de Castelldefels, el segundo capítulo de su viaje por la gastronomía italiana tras el éxito napolitano de Número Diez (Capitán Arenas, 62 Barcelona).

Con Emmanuele Stevanato —alma y timón del grupo como CEO— al frente de este periplo culinario, el nuevo restaurante (Av. Constitución, 89) cuando sube sus persianas no solo abre sus puertas a los comensales: abre un portal directo a la Sicilia más genuina, la que huele a pistacho tostado, a ricotta fresca, a brisa marina y a historia. “Aquí se sirve cocina siciliana auténtica siguiendo recetas tradicionales específicas, es una carta diferente”, explica Stevanato. Y esa autenticidad tiene nombre propio: Gaspare Citarrella, chef siciliano de pura cepa, guardián de las esencias y de las recetas que, como insiste Emmanuele, “son de madre y de abuela, muy difíciles de encontrar fuera de Sicilia” y al saborear cada uno de los platos se cae en la cuenta de que se está ante un plato único, familiar, de esos que provocan añoranza.

Una entrada que ya te transporta

El viaje sensorial del Bedda Madre empieza incluso antes de sentarse a la mesa. Stevanato lo resume con la naturalidad de quien tiene por virtud hacer lo complicado fácil: “También es una nueva forma de proponer la comida italiana, por ejemplo con la ambientación del local: la entrada desde la calle reproduce la entrada a un mercado italiano con sus típicos quitasueños. También hay un patio y una pérgola de una típica casa italiana”. Y es cierto: la entrada funciona como un pequeño torbellino siciliano. Hay color, hay simbolismo religioso (con imagenes de una madonna) y profano, hay guiños callejeros, hay artesanía. Tanto en la sala como en los lavabos que también son un icono casi pop.

De hecho, otra de las obsesiones del proyecto es la autenticidad material: “La cerámica es de un pueblo, de Caltagirone; la pintan allí”, subraya Stevanato, orgulloso de haber convertido los detalles en un manifiesto y en una carta de presentación del restaurante.

El chef siciliano que cocina como se siente

En un luminoso colgado en la pared del fondo del local se lee: “Un siciliano no te dice te amo, te cocina.” Y Gaspare Citarrella parece haber hecho de esa frase un credo y a la vez una puesta en escena. Él es la razón por la que Bedda Madre puede asegurar —sin temblar— que en el Bedda Madre se sirve una cocina que muy raramente se encuentra fuera de la isla. Para que la experiencia inmersiva sea redonda, en la sala, el director Gianluigi Federici dirige el ritmo como un maestro de ceremonias: sugiere, acompaña, traduce sabores y decodifica Sicilia para quienes la descubren por primera vez.

Y hay mucho que descubrir entre manteles y cubiertos y entre plato y plato. Los productos que se guisan y se sirven viajan a Castelldefels directamente desde Sicilia. Quesos y embutidos, pistacho de Bronte, ricotta fresca, almendras… “Productos de la tierra aprovechados”, remarca Stevanato, consciente de que sin materia prima no hay memoria que transmitir y mucho menos generar nuevos recuerdos, nuevos impactios en los recién llegados a la cocina de la isla más al sur de Italia.

Sin miedo y con hambre

La carta ya deja claro a que se enfrenta todo aquel que de el paso y entre en este pequeño trozo de la Sicilia más pura: el comensal debe venir sin miedo y con hambre. “Su dieta va a sufrir”, bromea el menú. Y bendita sea la penitencia, porque el paladar la agradece, y de qué manera.

Cuscus de pescado

Los manjares que se sirven en el Bedda Madre son muchos y variados, todos con sus peculiaridades difícilmente encontrables en otros esttablecimientos. Los “Mangia e Bevi” —cebolletas envueltas en panceta— son el orgullo del creador del grupo, un plato rescatado de los mercados de Palermo que conecta con el imaginario catalán del calçot. Los arancini, elaborados a mano, son puro street food siciliano; y las cazzilli palermitani —unas bravas que parecen haber pasado por una fiesta barroca— llegan como una enorme patata frita coronada con salsa de ajo y pesto de pistacho.

El Mediterráneo en un solo plato

Cuando “la cosa se pone seria”, aparece en la mesa como sugerencia imprescindible un símbolo culinario que define hasta dónde puede llegar la creatividad ligada a la historia: el cuscús de pescado real, un plato de herencia árabe convertida en emblema siciliano. Con él, la isla se revela como un mosaico de influencias: árabe, griega, española, italiana… Mwediterráneo puro. Una fusión que no sigue la moda: la precede. Y los fogones de Gaspare Citarella y su inspiración artística siguen esa estela en cada matiz, en cada textura, dando pábulo a una hoguera de sabores y propuestas gastronómicas en las que conviven platos de horno y cuchara, íntimos y familiares. Como el Anelletti al horno con ragú, guisantes, mozzarella y caciocavallo; los Canelones con crema de brócoli y miga salteada o los Spaguetti “al fuego”, picantes e inolvidables.



Como no podría ser de otra manera, toda la propuesta culinaria tiene un apéndice imposible de separar de la cocina italiana: la pizza. Más de una docena de pizzas espectaculares reclaman su trono en las mesas del Bedda Madre, cada una con personalidad propia y todas ellas distintas a todo lo conocido hasta ahora pop el comensala costumbrado a ver la pizza como una masa con cosoas por encima. Nada de eso. Nada que ver con el fast food. Estas pizzas juegan en otra división, vienen de otra dimension.

Un paraíso para los golosos

Y cuando llega el turno del dulce, el restaurante deja de ser restaurante para convertirse en tentación pura: Biancomangiare, cannolo siciliano con ricotta fresca dulce, cassata en copa… Imposibnle relamerse y salivar solo leyendo sus insinuantes nombres. Y es que el Bedda Madre es, en efecto, una sucursal del paraíso para los golosos. O, como matizaría un siciliano, una sucursal del pecado.


Aneletti al horno

Y el pecado del dulce es exageradamente carnal porque toda Sicilia en sí es exagerada, teatral, desbordante. Y el local recién inaugurado en Castelldefels juega con esa dualidad: mercado y casa, callejón y patio, arte sacro y dibujos irreverentes. Los murales del artista Daniel Pintos y las ilustraciones de Raffaele Villarusso dan forma al carácter creativo tan característico de los locales del Grupo Dolcevita Gusto Italiano, que nunca abandona el humor ni la autoironía allá donde se instale.

Luchar contra los clichés

Más que comer, el Bedda Madre es una experiencia, una emoción en el cuerpo”, reconoce Stevanato. Y es fácil darle la razón en cuanto se toma el primer bocado: Bedda Madre no busca imitar Italia, sino reinterpretar su alma para que se pueda vivir en directo desde Castelldefels. El proyecto del restaurante, subtraya el CEO, quiere “luchar contra los clichés de la comida italiana. Es una de las más amplias del mundo”. Y aquí se demuestra: no hay tópicos, no hay espaguetis a la carbonara, no hay Italia de postal. Pero, a cambio, hay Sicilia real.

Bedda Madre supone un punto de inflexión para Dolcevita Gusto Italiano. “Fuimos jóvenes con las trattorias y pizzerías; ahora damos un paso más adulto, más profesional, más gastronómico”, resume Stevanato. “Es una propuesta gastronómica de calidad”. No obstante, la filosofía del grupo se mantiene: cada local es una inmersión total en una región italiana. “Cada local es una experiencia”, repite Emmanuele, casi como un lema, como una letanía. Después de Nápoles y Sicilia, el viaje seguirá: la próxima parada, anuncia, será Andorra. Lo que aún no ha sido revelado es que región de la península itálica será la protagonista de la nueva aventura.

El eco de una madre

Quizá la clave del Bedda Madre esté en su nombre: Así que lo mejor es empezar por pronunciarlo en voz alta, con sentimiento, con brío. Bedda Matri, es una exclamación siciliana que mezcla ternura, asombro y exageración, que podría traducirse como ¡Madre mía! o ¡Hay mi madre! La otra gran fuente de inspiración es el propio creador del proyecto, para quien Sicilia tiene aroma a memoria. “El restaurante es un tributo —indirecto pero profundo— a mi madre”, confiesa Stevanato. “Todo lo que hago nace de mi experiencia, del recuerdo de comer en su mesa”, rememora el CEO.

En fin, que ese es el centro emocional del proyecto: Sicilia entendida no como destino turístico, sino como hogar al que se vuelve a través de un plato. El comensal, si todo sale bien, saldrá pensando exactamente lo que Sicilia trasmitre a sus gentes: Bedda Matri. ¡Madre mía!, qué comida más rica...

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