La medida municipal que buscar orden choca con la realidad económica de los negocios del entorno del RCDE Stadium. Hosteleros, ayuntamiento y oposición política miden sus fuerzas mientras la av. del Baix Llobregat espera una solución duradera
Desde el pasado 8 de noviembre de 2025, los días de partido de fútbol del RCD panyol ya no se viven igual en la avenida del Baix Llobregat, en Cornellà de Llobregat.. Lo que durante años había sido una previa futbolística marcada por la actividad comercial, el ambiente de bar y la convivencia entre vecinos y aficionados, se ha visto alterado por una decisión municipal que obliga a cinco bares situados frente al RCDE Stadium a cerrar forzosamente dos horas antes de cada encuentro del equipo perico.
La decisión, adoptada como medida cautelar por motivos de seguridad, movilidad y convivencia vecinal, ha generado un profundo malestar entre los hosteleros afectados y ha abierto un debate político que trasciende el ámbito del fútbol. Mientras el Ayuntamiento de Cornellà defiende que se trata de una decisión limitada, provisional y consensuada con los cuerpos de seguridad, los comerciantes alertan de un impacto económico severo en los días clave de su facturación. En medio del conflicto, la oposición política, con VOX a la cabeza, ha llevado el asunto al pleno municipal, reclamando compensaciones económicas y denunciando lo que considera un castigo injustificado al pequeño comercio local.

El detonante del endurecimiento del dispositivo municipal se encuentra en los incidentes registrados en mayo de 2025 tras un atropello multitudinario sin consecuencias en el entorno del estadio, un episodio grave que reavivó las quejas vecinales y puso en el foco el plan de movilidad y seguridad de los días de partido. Desde el Ayuntamiento se insiste en que no se trata de criminalizar al fútbol ni a su afición, sino de actuar sobre situaciones puntuales que alteran la convivencia. Así lo explica Emília Briones, teniente de alcalde de Presidencia y Seguridad del Ayuntamiento de Cornellà, quien defiende que el fútbol forma parte de la identidad social y cultural del municipio, pero que no puede generar problemas en el día a día del barrio. Según Briones, el 99% de los aficionados acude al estadio con un comportamiento cívico, aunque existe una minoría que provoca concentraciones excesivas y episodios de incivismo.
Cierre dos horas de cinco bares
Como respuesta, el consistorio decidió cerrar durante dos horas antes del partido la actividad de cinco bares situados en un punto especialmente sensible de la avenida del Baix Llobregat, justo frente al estadio. “No se trata de cerrar bares de manera generalizada, sino de actuar donde se producen las mayores aglomeraciones”, sostiene la responsable municipal. Desde el Ayuntamiento se recalca que la medida es temporal, vigente hasta final de temporada, y que posteriormente será evaluada junto a los Mossos d’Esquadra, responsables de coordinar el dispositivo de seguridad. La alternativa municipal: carpas y reubicación de la actividad. Conscientes del impacto que el cierre podía suponer para los negocios afectados, el Ayuntamiento ofreció una alternativa comercial: permitir que los bares montaran una carpa en una zona más cercana al estadio, en el parque del centro comercial Splau, fuera del núcleo residencial, para poder continuar su actividad durante la previa del partido.

De los cinco establecimientos afectados, solo uno, (Casa Pepe) ha aceptado la propuesta. El resto decidió no hacerlo, al considerar que la alternativa no garantizaba la viabilidad económica ni ofrecía seguridad a largo plazo. Emília Briones subraya que la administración local ha actuado con voluntad de diálogo y que no se ha prohibido la actividad económica sin ofrecer opciones. “Se ha dado una alternativa a todos los bares”, afirma, recordando que cada negocio ha decidido libremente si acogerse o no a esta posibilidad.
Adaptarse o desaparecer
Para Pepe, propietario del bar Casa Pepe, aceptar la carpa fue una decisión difícil, pero necesaria. Con más de cuarenta años de historia en el barrio, su establecimiento depende en gran medida de la actividad generada los días de partido. “El día fuerte es el del partido; el resto de la semana voy tirando”, explica con franqueza. Cerrar dos horas antes del encuentro supone, en la práctica, perder el grueso de la facturación. “Me quitan eso y no tengo otra. Al final, tengo que cerrar”, resume. Por ese motivo decidió probar la alternativa ofrecida por el Ayuntamiento, aunque no sin costes. La adaptación ha supuesto una inversión considerable: compra de barriles, material nuevo, iluminación, rótulos y una gestión compartida con la Penya Juvenil Espanyolista, que colabora en el funcionamiento de la carpa. Pepe reconoce que los primeros partidos no han sido rentables y que incluso se ha perdido dinero debido a los gastos iniciales. “La gente ve la carpa y piensa que es una solución fácil, pero empezar de cero cuesta”, señala. A ello se suma la incertidumbre sobre un posible alquiler futuro del espacio y la falta de garantías de continuidad. “¿Cómo voy a invertir dinero si mañana me pueden decir que se acaba?”, se pregunta.

En este escenario, la Penya Juvenil Espanyolista ha desempeñado un papel clave. La entidad se ha posicionado claramente a favor de los bares afectados y ha trabajado para que los establecimientos pudieran mantener su actividad durante los días de partido, colaborando en la logística de la carpa y defendiendo los intereses de los comerciantes. Desde la Penya se considera que el fútbol debe ser un motor de convivencia y de dinamización económica, no un factor que ahogue al comercio local. Por ello, aseguran que seguirán haciendo todo lo posible para apoyar a los bares del entorno del estadio y favorecer soluciones que permitan compatibilizar afición, vecindario y actividad económica.
“Injusto y desproporcionado” para VOX
La oposición más contundente a la decisión municipal ha llegado de la mano de VOX Cornellà. Su portavoz en el Ayuntamiento, Iván Cánovas, ha denunciado públicamente lo que considera una “persecución” al pequeño comercio de la avenida del Baix Llobregat. Desde VOX se sostiene que el cierre de bares no soluciona los problemas de seguridad ni de convivencia, sino que los desplaza. “La gente seguirá acudiendo al estadio; lo único que cambia es que ahora lo hará sin control y sin apoyar a la economía local”, afirma Cánovas, quien califica la medida de “injusta, desproporcionada y perjudicial”. El portavoz municipal critica que, mientras los bares deben cerrar, supermercados y comercios cercanos siguen vendiendo alcohol. En su opinión, la hostelería regula el consumo y reduce el desorden, mientras que el cierre fomenta el botellón y el consumo descontrolado en la vía pública.

Más allá de la denuncia, VOX ha presentado una moción en el pleno municipal para intentar revertir o mitigar los efectos de la medida. La propuesta incluye tres ejes principales: revisar el plan de movilidad y seguridad los días de partido, crear una mesa de trabajo con técnicos municipales, vecinos y hosteleros, y explorar compensaciones económicas o fiscales para los negocios obligados a cerrar. Cánovas defiende que garantizar la seguridad es imprescindible, pero no puede hacerse a costa de dejar sin ingresos a familias enteras. “Si si les obliga a cerrar, por lo menos que se les descuente ese día de impuestos”, reclama, aludiendo a tasas municipales, IBI u otros gravámenes locales. Desde VOX se advierte de que algunos negocios ya han tenido que reducir personal o asumir pérdidas en apenas unas semanas de aplicación de la norma, lo que, a su juicio, demuestra el impacto real de la medida.
Garantizar el descanso y la convivencia
Desde el consistorio se insiste en que la prioridad es garantizar la convivencia y el descanso de los vecinos del barrio de Riera. Emília Briones recuerda que las políticas de movilidad y seguridad en torno al estadio no se improvisan y que cualquier modificación debe hacerse de manera responsable y coordinada con los cuerpos policiales. La teniente de alcalde reconoce que las dos horas previas al partido son las de mayor actividad económica para los bares, pero sostiene que el interés general obliga a tomar decisiones complejas. “Es una medida pequeña, limitada y revisable”, señala, reiterando que el Ayuntamiento continuará evaluando su impacto hasta final de temporada, pese a que por el momento asegura efectos positivos tras la puesta en marcha de la nueva medida. Un conflicto abierto y una evaluación pendiente Mientras tanto, el cierre sigue vigente y los bares afectados se mueven entre la adaptación forzada y la incertidumbre.
Algunos temen que la medida se consolide y sienten que se ha abierto un precedente peligroso para el comercio local. Otros confían en que la evaluación prometida permita introducir cambios o soluciones más equilibradas. El barrio, por su parte, observa el conflicto con posiciones diversas. Hay vecinos que valoran la reducción de aglomeraciones, y otros que temen que el problema simplemente se traslade a calles colindantes. III
| Una sentencia ratifica los limites municipales |
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Este debate sobre la gestión del entorno del RCDE Stadium se produce, además, en un momento delicado para el Ayuntamiento de Cornellà, que recientemente ha recibido un revés judicial relacionado directamente con los terrenos donde se ubican el estadio del Español y el centro comercial Splau. El Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) ha rechazado el recurso presentado por el consistorio presidido por el alcalde Antoni Balmón (PSC), poniendo fin a un largo conflicto territorial con el Ayuntamiento de El Prat que se ha prolongado durante casi una década. La sentencia confirma que Cornellà no podrá anexionarse en exclusiva estos terrenos al avalar el TSJC la delimitación histórica entre ambos municipios frente a la pretensión de ajustarla al trazado actual del río Llobregat.
El TSJC ha respaldado así la postura de la Generalitat de Cataluña y del consistorio de El Prat, considerando válidas las actas de finales del siglo XIX y los mapas del principios del siglo XX, anteriores al desvío del río y a la construcción de las grandes infraestructuras que trasformaron profundamente la zona. Según el fallo, el procedimiento impulsado por Cornellà no respondía a una simple corrección de límites, sino a una modificación completa de la frontera municipal, algo que requeriría un marco jurídico distinto.

El conflicto se remonta a 2016, cuando se elaboraba el Mapa Municipal de Cataluña y, pese a un acuerdo inicial entre ambos municipios, Cornellà presentó posteriormente un acta de disconformidad, reclamando una revisión territorial. En este contexto, la resolución judicial añade un nuevo elemento de complejidad al debate sobre el estadio y su impacto en el municipio, subrayando que le relación entre Cornellà y el RCDE Stadium y su entorno sigue siendo un asunto sensible tanto el en plano urbanístico como en el económico e institucional.
La problemática pone sobre la mesa un debate de fondo que afecta a muchas ciudades: cómo compatibilizar grandes equipamientos deportivos con barrios residenciales consolidados sin dañar al tejido comercial de proximidad. El Ayuntamiento defiende una actuación preventiva y temporal, los hosteleros reclaman viabilidad y diálogo, la oposición exige compensaciones y revisión del modelo; y entidades como la Penya Juvenil Espanyolista intentan tender puentes para que el fútbol siga siendo un elemento de cohesión y no de conflicto. A la espera de la evaluación final. Cornellà sigue buscando el equilibrio entre seguridad, convivencia y economía local, mientras las consecuencias recaen en manos de los hosteleros de la propia ciudad. Un equilibro frágil que, de momento, obliga a mantener las persianas bajadas dos horas antes de cada partido. III.
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