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EL LECTOR EMPEDERNIDO

¿Qué aprender de Isabel Allende y Emilia del Valle en tiempos de odio y polarización? Descúbrelo aquí

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Por José A. Garrido
domingo 08 de marzo de 2026, 16:00h

Qué tienen en común Rafael de Luna, Fernán Caballero, Curren Bell, Ellis Bell, Acton Bell…? Podríamos hacer una lista mucha más extensa, indudablemente.

Como bien habrán reconocido l@s lector@s empedernid@s, son nombres ficticios que sirvieron de “camuflaje” a escritoras tan reconocidas posteriormente como Matilde Cherner, Cecilia Böhl de Faber, o las hermanas Brontë, Charlotte, Emily y Anne, autoras estas últimas de obras universalmente valoradas como “Jane Eyre”, “Cumbres borrascosas” o “Agnes Grey”, por citar las más conocidas. En épocas no tan lejanas, siglo XIX, principios del siglo XX, las creadoras literarias no tenían nada fácil el acceso al mundo editorial y utilizaban el anonimato de un pseudónimo masculino para conseguir publicar sus obras. Las pioneras en cualquier ámbito de la cultura, también en la literatura, tuvieron que superar multitud de obstáculos para obtener credibilidad y reconocimiento. Solo por el hecho de ser mujeres.

ISABEL ALLENDE (Lima, 1942), autora de obras memorables como “La casa de los espíritus”, “Eva Luna”, “La ciudad de las bestias”, “El amante japonés”, “El viento conoce mi nombre” y tantas otras, dedica su última novela MI NOMBRE ES EMILIA DEL VALLE (Plaza Janés, 2025) a poner en valor la lucha titánica que estas mujeres afrontaron para conseguir el reconocimiento del mundo de la cultura y de los lectores en general.

Con esta novela la autora chilena realiza un reconocimiento apasionado, un homenaje (¿tal vez rememora?) a tantas mujeres atrevidas, valientes, que construyeron con su ejemplo un camino, una ruta por la que transitarían y transitan una pléyade de escritoras, periodistas, creadoras en las más variadas facetas artísticas que en nuestros días son legión y vanguardia en todos los ámbitos de la cultura.

Emilia del Valle, la protagonista del relato, emprende un laberíntico viaje hacia su propio interior, una travesía de descubrimiento personal pero también una búsqueda de su lugar en el mundo, de su paraíso en la tierra. Su madre, Molly Walsh, obsesionada por el trauma que le ocasionó ser seducida, embarazada y abandonada por un señorito de la alta sociedad chilena, que no quiso saber nada de la criatura, de Emilia, inculca a su hija la creencia de que cualquier atisbo de esperanza para los pobres es una quimera.
Escribe Emilia: “Según mi mamá, debían de formar a una mujer buena... que de acuerdo a la tradición es una boba que se somete a las reglas impuestas por otros.”

Pero no, Emilia tiene a Papo, su maestro y padre adoptivo, que la anima a ser osada y a tener curiosidad por descubrir todo lo que el mundo, por muy complejo que sea, pueda ofrecer.

Y este anhelo comienza a concretarlo cuando a finales del siglo XIX inicia su trayectoria como escritora de novelitas “de diez centavos”, eso sí, con pseudónimo masculino: Brandon J. Price es el pomposo nombre con el que firma sus historias y con el que consigue entrar en contacto con el mundo periodístico, en el que desea trabajar y hacer carrera.

‘El Examiner’ será el periódico que se convertirá en su plataforma para iniciar una andadura profesional que la llevará a “descubrir” sus orígenes familiares (para su madre es una tarea innegociable), el amor y también los horrores de la guerra entre chilenos de 1891, a la que fue como corresponsal del diario y en la que verdaderamente descubrió no sólo su pasado chileno sino también la crueldad de la lucha fratricida de una sociedad tan polarizada como la chilena en 1891.

“Odio y más odio –escribía en sus crónicas para el ‘Examiner’ –millares de víctimas… para nada, por una rivalidad política, por la repartición ilusoria del poder. Era un delirio.” Estas reflexiones de Emilia/Isabel Allende continúan teniendo, desgraciadamente, una vigencia que nos ha de mantener en guardia a todos los que creemos en que aún es posible vivir en democracia, con respeto a la pluralidad de ideas y pensamientos, pero, sobre todo, con RESPETO y tolerancia entre las personas, independientemente de su raza, orígenes, religión, sexo… Tenemos mucha tarea por delante, lector@s empedernid@s. III

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