La gata gris Arya, de raza Maine Coon y solo un año de edad, ha pasado en menos de una semana del anonimato total a la fama, aunque sea por un agridulce motivo, con su cara y su cruz. Arya, uno de los cuatro gatos que tiene una familia del barrio de Vinyets-Molí Vell en Sant Boi, ha sido el elegante protagonista junto a los otros tres felinos del último tema de portada de la revista El Llobregat (nº 222), dedicado al aumento de la colonia gatuna en los hogares en detrimento de los perros y también de los hijos en el Baix Llobregat y L’Hospitalet. Pero sea por ese protagonismo sobrevenido o por su propia naturaleza, la gata lleva una semana desaparecida de casa, un ático muy próximo a la agitada plaza Cataluña de la ciudad. Sus dueños y sus vecinos se han volcado en su búsqueda, hasta ahora infructuosa.
La gatita siempre ha sido muy propensa a la aventura, muy atlética y muy activa y acostumbraba a saltar de azotea en azotea y de terraza en terraza por su bloque y los contiguos, en la calle Francesc Macià, pero nunca estaba fuera más de un par de horas, Siempre regresaba puntualmente para comer y beber –o cuando se la llamaba con insistencia– aunque era frecuente que sus paseos de corta distancia fueran continuos durante el día.
Primera fuga
Pero el pasado 1 de mayo por primera vez no volvió a casa. Sus dueños no entendían cómo podía haberse extraviado si el conjunto de terrazas por las que solía campar a sus anchas eran un callejón sin salida. Para poder acceder a uno de los terrados más bajos, había que salvar varios pisos de altura y saltar un par de metros mínimo hacia adelante. Así que sus dueños pensaron que podía haberse caído, e iniciaron la búsqueda como se hace en estos casos: colocando, carteles, preguntando a los vecinos, mirando debajo de los coches y escudriñando las terrazas. Pero ni rastro de la gata.

Milagrosamente, la noche del domingo día 3, una de las hijas de la familia escuchó unos maullidos en un balcón de una primera planta –en un bloque de la calle Francesc Macià notablemente separado del suyo– mientras la buscaba. Era Arya. Había llegado hasta ese balcón desde una casa más baja, separada de las azoteas altas por una pared lisa de cuatro pisos de altura, algo insalvable incluso para un felino ágil como esta gata gris. Así que la hipótesis de la caída ganó peso. Una visita de urgencia al veterinario confirmó su buen estado de salud, pese a la incipiente desnutrición y deshidratación provocada por la aventura.
Seguimiento GPS
No obstante, la familia decidió extremar las medidas de seguridad para que Arya no saliera ni siquiera a la terraza hasta que no se le colocara un collar con seguimiento GPS como medida de precaución para evitar un nuevo susto, no fuera que, en lugar de un accidente, la gata hubiera encontrado una (peligrosa cuanto menos) ruta de huida y pudiera tener la tentación de volver a tomarla.

Pero el collar llegó por correo demasiado tarde. Hace justo una semana –y después de haberse pasado tres días prácticamente durmiendo- Arya encontró una rendija casi imperceptible al ojo humano en la puerta de acceso a la terraza y aunque no tenía ni un par de dedos de anchura, logró escabullirse. Y no se tienen noticias desde su paradero desde entonces, pese a que el vecindario de toda la manzana está colaborando en su búsqueda poniéndole comida y agua para que acuda.
En patios interiores y terrazas
La familia está muy afectada por la desaparición y continúa peinando todo el barrio en busca de la gata, tanto de día como de noche. Algunos vecinos les han dejado incluso acceder a sus patios interiores y sus terrazas para escudriñar mejor y en profundidad, pero hasta ahora todo está resultando inútil. No hay ni rastro de Arya ni del camino que ha seguido en su fuga ya que las distancias entre bloques hacen imposible el salto excepto para un felino muy muy ágil. Pero la esperanza es lo último que se pierde.
Si alguien la ha visto puede ponerse en contacto con sus dueños en el 609 91 74 64 o en el 638 13 89 48