EDITORIAL
Casi sin hacer ruido —como los propios gatos que ahora dominan no solo ventanas y sofás sino también el ránking de mascotas— el Baix Llobregat y L’Hospitalet están viviendo una transformación doméstica que va más allá de una simple preferencia por una mascota u otra. No es solo que la colonia felina le esté ganando terreno a la de perros, los grandes dominadores desde siempre en los hogares del territorio. Es que, en paralelo, está cayendo en picado la presencia de niños en las casas: menos hijos, parejas sin descendencia y personas que viven solas, de forma deseada o no. Y esa doble tendencia no es fruto de la casualidad. Cuando se observa al detalle, deja de ser un anecdótico cruce de cifras para convertirse en el síntoma de que algo más profundo está pasando, algo que va más allá de la simple competición entre dos tipos muy diferentes de animales de compañía.