A DEBAT
Hay tradiciones que, por cotidianas, apenas se cuestionan. El Día del Padre y el Día de la Madre han sido durante décadas una de ellas: un gesto sencillo que servía para reforzar vínculos y, de paso, introducir a los más pequeños en el lenguaje del afecto. Sin embargo, en los últimos años, algunos centros educativos han optado por sustituir estas fechas por fórmulas más inclusivas, como el “día de la persona especial”. La intención es clara: evitar que aquellos niños que no encajan en el modelo familiar tradicional —familias monoparentales, con dos padres o dos madres, o situaciones más complejas— se sientan excluidos o señalados. En una sociedad diversa, parece razonable preguntarse si ciertas tradiciones siguen representando a todos.