El virulento azote del vendaval desencadedado por el paso de la Borrasca Nils ha dejado un panorama desolador en el Baix Llobregat y L’Hospitalet: millares de árboles caídos, grandes cantidades de mobiliario urbano arrancado o dañado y un despliegue de cuerpos de seguridad, policía local, bomberos y voluntarios de Protección Civil sin precedentes.

Las rachas de viento que el jueves superaron los 90 km/h en todo el territorio. y los 100 km/h en puntos concretos del litoral, se ha saldado con cuatro heridos en Sant Boi a los que les cayó encima un árbol cuando trataban de retirar uno caído anteriormente. De ellos, dos fueron dados de alta el mismo jueves en el Hospital General de Sant Boi y un tercero ha sido dado de alta este viernes a mediodía en el Hospital Universitario de Bellvitge (HUB). Se trata del voluntario de Protección Civil de Sant Boi, de 23 años, que tenía una pierna rota. Peor suerte está corriendo su compañero, de 22 años que permanece ingresado en el HUB aquejado de un fuerte traumatismo en la cabeza y este viernes por la mañana a vuelto a ser intervenido quirúrgicamente. Este joven sigue “en estado crítico pero estable”, según el último parte médico. A todos ellos, tristemente hay que sumar la muerte este viernes a primera hora de una vecina de Barcelona que fue ingresada en estado crítico en el Hospital Vall d’Hebron tras derrumbarse la nave en cuyo interior estaba trabajando en la capital catalana.
1.455 avisos a los bomberos y 1.118 llamadas de emergencia
Desde que las fuertes rachas huracanas comenzaron a soplar a partir de las 6.00 de la mañana del jueves, los Bombers de la Generalitat han atendido un total de 3.427 avisos. De ellos 1,455 (el 42,4%) procedían del Baix Llobregat y estaban directamente relacionados con el temporal de viento. Además, el teléfono de emergencias de la Generalitat de Cataluña (el 112) ha recibido un total de 5.837llamadas de ciudadanos que generaron 4.979 intervenciones. La mayoría de los contactos de la ciudadanía fueron para alertar de riesgos por caídas de árboles o en edificios y mobiliario urbano dañados (86%), peticiones de información (5%) y también para alertar de la presencia de obstáculos en la vía pública arrastrados o volcados por el viento (3%).

De estas llamadas, el 21,8% se han efectuado desde el Baix Llobregat y L’Hospitalet, lo que numéricamente supone una cifra de 1.118 contactos: 963 en el Baix (17,8%) y 218 en L’Hospitalet (4%). Esto sitúa al territorio como la segunda zona de Cataluña más afectada por la ventada, por detrás del Barcelonés (descontado L’Hospitalet) que ha acumulado 1.618 llamadas, el 30% del total.
Tareas de valoración de daños y limpieza
La situación ha sido muy similar en todas las ciudades, con especial incidencia en la franja del Delta del Llobregat y el litoral. Sirva como ejemplo la radiografía del vendaval en Viladecans: más de 140 árboles arrancados, más de una decena de farolas caídas, 106 llamadas al 112 y más de 220 servicios de la Policía Local. El despliegue de medios ha permitido que este viernes se hayan podido abrir los accesos a la reserva natural del Remolar y a las playas, aunque todavía se están realizando tareas de valoración de daños y limpieza.
El vendaval ha sido especialmente cruel con Sant Boi, que ha resultado “muy afectado”, si no el que más en la comarca, como ha reconocido la propia Moret, ha resultado. La alcaldesa ha hecho hincapié en la "gravedad del impacto (que la tempestad de viento) ha tenido en Sant Boi”, una ciudad que guarda muy malos recuerdos de los huracanes. Y es que, en enero de 2009, unas rachas todavía más violentas de viento derrumbaron del túnel de bateo del campo de béisbol local causando la muerte a cuatro niños de entre 9 y 12 años, que se encontraban en ese punto bajo cubierta refugiándose del vendaval, pensándose que se ponían a salvo cuando resultó todo lo contrario. La violencia de ese episodio eólico fue tan exacerbada como inusual, pues en el mimento del siniestro el viento soplaba a unos unos 144 km/h en el momento del accidente. Sin embargo, estudios técnicos encargados por el Ayuntamiento de Sant Boi, del que entonces era alcalde Jaume Bosch, señalaron que, a nivel de suelo del túnel de bateo, las rachas superaron los 118 km/h y pero que el techo soportó ráfagas de hasta 160 km/h, bastante más de lo que podía soportar la instalación.