Como acostumbra a decirse cuando un suceso violento despierta a un vecindario: la madrugada de este primer lunes de mayo “se ha roto” en el barrio de La Torrassa, en L’Hospitalet, con un estruendo seco: el producido por, al menos, cinco disparos de bala. Eran alrededor de las seis y media, esa franja turbia de la noche en la que algunos clientes se resisten a marcharse de los bares de copas y algunos locales alargan su actividad en plan after hours, más allá de lo permitido. Las detonaciones se han escuchado en la puerta del Josué Bar, un establecimiento con parroquia mayoritariamente de origen dominicano, en la Rambla Catalana, muy cerca de la confluencia con la calle Santiago Apóstol. El garito no dispone de licencia para estar abierto a esas horas. El local acababa de cumplir una sanción de cuatro meses de cierre forzoso por orden municipal debido a debidos incumplimientos de horario y de aforo. En el momento de producirse el altercado, el bar ya debería estar cerrado y en su inteiror se encontraban 37 personas, superando la capacidad máxima permitida.
Según las primeras investigaciones policiales, los autores de los disparos se han replegado rápidamente hacia el interior del local, pero eso no ha impedido que hayan sembrado la confusión y la inquietud en el barrio. Y también el miedo. Las llamadas al 112 se han extendido por los bloques contiguos como un reguero de pólvora. El hecho de que no haya heridos ni rastros de sangre en los alrededores hace pensar que los disparon se han efectuado al aire, bien como amenaza o para poner fin a una discusión, o bien como puro divertimento porque el tirador podría encontrarse bajo los efectos del alcohol u otras sustancias.
Respuesta policial inmediata
La respuesta policial ha sido inmediata. Varias patrullas de los Mossos d'Esquadra, con el apoyo de unidades del ARRO equipadas con material balístico, han acordonado la zona, han cortaron el escaso tráfico que circulaba a esas horas y han asegurado el perímetro. Dentro del establecimiento, los agentes identificaron a los presentes y los hicieron salir uno a uno, colocándolos contra la pared para cachearlos, según los testigos, en una escena marcada por la tensión. Sin embargo ninguno de ellos portaba ningún arma de fuego.
Sobre el asfalto han quedado las evidencias: al menos cinco casquillos de bala que certifican lo que los vecinos ya sabían por el sonido. Sin embargo, no hay heridos ni detenidos. Tampoco se ha logrado locaklizar el revólver o pistola utilizado. Así que, sin arma, sin víctimas y sin más pruebas que las auditivas… no hay delito, ni hay caso.
Dominicanos con asuntos pendientes
Las primeras líneas de investigación apuntan a una posible implicación de individuos de origen dominicano con asuntos oscuros pendientes, en un contexto que los investigadores no consideran aislado. En los últimos meses, esta parte de la segunda ciudad de Cataluña ha visto cómo los episodios con armas de fuego han dejado de ser algo excepcional para convertirse en una preocupación creciente. Cada día son más los tiros al aire, los ajustes de cuentas rápidos y las huidas de los ejecutores sin rastro visible. La semana pasada, en la cercana Riera Blanca, un hombre resultó gravemente herido tras otro ataque con arma de fuego. Y semanas antes, en el cercano barrio de Les Planes, otro tiroteo acabó con una víctima mortal.
Ese patrón que se viene repitiendo en la ciudad, aunque todavía bajo investigación policial, apunta a posibles disputas relacionadas con el tráfico de drogas o incluso a enfrentamientos entre grupos organizados y bandas, cada vez más numerosas en el sector. No es una conclusión cerrada, pero sí una hipótesis que gana peso a medida que se van sucediendo en el tiempo y a corto plazo episodios de la misma índole.