Las obras de la nueva autopista B-25 no solo no avanzan al ritmo esperado, sino que parecen una trampa pensada ex profeso para fastidiar a los conductores. Aunque todavía quedan ramales y estructuras que construir, la calzada central casi luce con todo su esplendor. De hecho, hay viales complementarios que parecen acabadas, pero a los que se sigue manteniendo el paso bloqueado. Como, por ejemplo, las conexiones con la C-31C, acabadas y en perfecto estado de revista. Pero en algunos aspectos el deseo de avanzar –como en la colocación de la señalética– ha ido por delante de la realidad de las, provocando desconcierto para los usuarios, familiarizados ya con los desvíos alternativos y las restricciones. Así que el caos nuestro de cada día, continúa.

Esto es exactamente lo que ha ocurrido con el nuevo panel de la salida 53 de la C-32 (el enlace a medias con la B-25) en dirección a Barcelona. Es este punto (y también con 500 metros de antelación) se informa a los automovilistas de que tomando la salida –por el carril de la derecha– se conecta de forma rápida y directa con la Gran Vía de Barcelona, lo que es completamente tan falso como imposible. Y es que también se informa de una conexión con la C-31C que no está en servicio, pese a que se lleva hablando de apertura inminente
Un panel que conduce a una ratonera
Para llegar a la Gran Via el camino más rápido es continuar por la C-32 hasta el nudo del Llobregat y seguir desde ahí las indicaciones que conducen a la Ronda Litoral (B-10) y a L’Hospitalet. Los conductores que hacen caso al nuevo panel azul y se salen por la salida 53 para ir hacia las barcelonesas plaza Cerdà y la plaza España se encuentran en mitad de la ratonera que originan todos los días (en especial en las horas punta) las restricciones por las obras de la B-25. Su único recurso para llegar a su destino es tomar la A-2, una vez pasado el casco urbano de Sant Boi, lo que complica sobremanera el itinerario.

El conductor mal informado que pretende llegar a la Gran Via por la salida 53 en seguida se da cuenta de que ha metido la pata porque a los pocos metros de tomar la ruta topa con un cartel blanco a la derecha que anuncia una conexión con el Centre de Sant Boi y el polígono industrial Salines por el ramal de conexión con la C-31C y otro azul que marca la senda hacia la A-2, la C-245 y Cornellà. Ni rastro del indicativo “Gran Via”. Tampoco se puede acceder por ahí al Centre de Sant Boi, hay que esperar a la salida siguiente.
Un destino que desaparece
En realidad, el camino “correcto” (aunque no se precise en la cartelería) es el de la derecha el del cartel blanco- pero intentar utilizarlo es una utopía. El ramal de enlace con la C-31C (y por lo tanto con la C-31 y la Gran Via) está barrado con conos y no puede circularse por él, aunque parece completamente acabado.

El conector entre B-25 y C-31C se anunció que estaría en funcionamiento antes de Semana Santa, pero por motivos que se desconocen –y pese a la insistencia de El Llobregat por averiguarlo– sigue cerrado y sin fecha oficial de apertura. Aunque cuando esté abierto puede seguir generando dudas y confusiones a los conductores, a no ser que sepan que la C-31C es el vial que conduce a la C-31, y por tanto, a la Gran Vía barcelonesa. Los responsables de la señalización de la salida 1 de la B-25 podrían tomar nota y hacer las correcciones pertinentes en este punto para evitar futuras desorientaciones de los conductores.
Otra vez hacia el nudo del Llobregat
A los atascos, sin remedio. No queda otra. Así que al automovilista que busca la Gran Via (e inducido al error por la incorrecta señalización ha tomado la salida 53 de la autopista C-32) no le queda más remedio que transitar por el tramo con más atascos de la B-25 hacia Sant Boi y Cornellà y conectar con la A-2 en dirección al puerto de Barcelona para después, a la altura del nudo del Llobregat, tomar la vía que se separa de la calzada central y que conecta directamente la C-31, en ese tramo denominada Granvia de L’Hospitalet, a la altura del Hospital Universitario de Bellvitge (HUB). Lo curioso es que a ese enlace se llega mejor (y más rápido) si se continúa por la C-32 hacia Barcelona en lugar de tomar la salida 53.

Está claro que el error al que induce la señalética de la salida 53 de la C-32 no es algo premeditado. Tal vez se esperaba que la conexión con la C-31C ya etaría en servicio cuando se programó su colocación. Pero lo cierto es que ahí está. Los conductores que transitan por ese punto y buscan la Gran Via harían bien en anotar esta deficiencia en la ruta para no acabar de cabeza en los atascos del tramo central de la B-25. Porque parece difícil –por no decir imposible– que se “oculte” temporalmente ese indicativo (hasta que no se abra el ramal de la C-31C) en unas señales recién estrenadas. Con la B-25 y sus históricos retrasos, obras y eternas restricciones –la última el cierre del acceso al barrio de Vinyets-Molí Vell desde la C-245– no se gana para disgustos.
