Después de años de obras, desvíos interminables y atascos diarios, el Baix Llobregat empieza a ver la luz al final del túnel. Este jueves, la B-25 ha activado sus conexiones más esperadas y cambia por completo el mapa de accesos entre Sant Boi, El Prat y Barcelona: por fin ya se puede pasar de la B-20 a la B-25 y enlazar con la C-31C sin laberintos ni rodeos. Un estreno parcial, pero clave, que llega con retraso y que promete revolucionar uno de los puntos más colapsados del área metropolitana.